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AnalogÃas entre gestiÃn archivos de software y de mÃsica



Desde hace poco tengo a mi disposiciÃn una iPod. No es que està orgulloso, 
mÃxime cuando por el momento me resulta muy poco asequible cambiarle el 
firmware por uno libre. Aunque no todo està perdido: afortunadamente mi iPod 
nunca conocerà iTunes :).

En cualquier caso, dejando a un lado el dispositivo de moda, el haber dedicado 
algo de tiempo a organizar la mÃsica, conocer quà son los Podcast, etc. me ha 
hecho pensar sobre un concepto sencillo que nunca he aprovechado demasiado: 
las playlist.

 Aunque suene trivial, los dispositivos de almacenamiento que usaba hasta la 
fecha (fundamentalmente cds o mp3 de pequeÃa capacidad) permitÃan no 
esforzarme mucho en cÃmo organizar los archivos: un directorio por autor, 
otro por disco y poco mÃs.

 Fue cuando perdà la organizaciÃn presente en mis cds cuando me di cuenta de 
que en realidad, las playlist no son mÃs que lo que se denominan tags en 
sistemas de control de versiones como CVS o Subversion.
En el Ãmbito de desarrollo de software (que es dÃnde mayor acogida tienen 
estos sistemas, a pesar de que es provechoso para cualquier documento que 
vaya evolucionando) se utilizan tags y branches para referenciar 
colectivamente un conjunto de archivos (en el primer caso) y poder bifurcar 
el progreso de los mismos (en el segundo). Es decir, a partir de un nombre 
comÃn, se puede obtener la foto de los archivos en el instante en el que se 
creà el tag.

Las playlist, por otro lado, pueden llevar asociadas connotaciones semÃnticas 
muy diversas en funciÃn de la intenciÃn del usuario o de quien las cree, pero 
en el fondo son lo mismo: una etiqueta Ãnica que permite obtener un conjunto 
concreto de ficheros.

Si algunos habÃis descubierto ya el placer de usar Amarok, seguramente 
conozcÃis ya sus playlists dinÃmicas, definidas en funciÃn de lo que mÃs te 
guste o mÃs frecuentemente escuches. Este tipo de playlists son anÃlogas a 
los branches, con una salvedad: los archivos de mp3 son fijos, con lo cual el 
concepto de branch se ve reducido a la evoluciÃn temporal de archivos cuyos 
Ãnicos cambios son ser aÃadidos o borrados del branch.

Y para terminar las analogÃas, el calvario de actualizar los tags Id3 (que por 
otro lado se ve aliviado con EasyTag) no se da tanto en el software, ya que 
los metadatos asociados a cada archivo son escasos. Aun asÃ, algo parecido se 
da cuando uno se enfrenta a conflictos derivados de los ^M y atributos como 
el âeol-styleâ (en Subversion). Una diferencia fundamental es que, en el caso 
de los archivos ogg o mp3, el nombre del fichero es un metadato mÃs (con 
EasyTag se puede generar a partir de los demÃs), mientras que en los sistemas 
de gestiÃn de versiones lo habitual es que se use como clave primaria (tal 
como lo hace el sistema de archivos).

Lo bueno de los Id3 es que definen un conjunto de atributos fijo. Lo malo es 
que los valores por lo general estarÃn desnormalizados. Uno puede normalizar 
su colecciÃn, con esfuerzo, pero es dudoso que si la comparara con la de otra 
persona el criterio coincidiera sin problemas, y el encoding no hace sino 
empeorarlo.

Ojalà se llegara a un punto en el que, aparte de modificar el continente, 
fuÃramos capaces de actualizar el contenido con la misma facilidad, tal como 
se hace en el software libre. ObstÃculos: DRM y creatividad musical. Y es que 
ya se puede vivir sin software propietario, pero el porcentaje de mÃsica 
libre es irrisorio.

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